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El desgaste dental es un serio problema de salud odontológica que a veces comienza a desarrollarse de forma inadvertida para nosotros, pero cuyas consecuencias son igualmente nefastas, pues ocasiona la pérdida de tejido dentario. Para que este desgaste se produzca, no es necesario que se produzca lo que en términos científicos se conoce como la intervención bacteriológica. Es decir: que no es un daño ocasionado al tejido dentario por bacterias, como viene siendo tan habitual en los problemas más frecuentes de salud bucodental. De hecho, a menudo este desgaste tan sólo a algo tan básico y permanente en nuestras vidas como es el contacto entre nuestros dientes en el acto de la masticación.

Lo más habitual es que este desgaste se localice especialmente en la zona vestibular de los dientes: esto es, precisamente en la cara visible de nuestros dientes, la que enseñamos cuando sonreímos. Ello provoca el que además de ser un problema de salud a tener en cuenta, se trata igualmente de un severo problema estético que también clama por una pronta detección, terapia y solución.

Atrición dental: tipos y causas

La atrición dental es el otro nombre que conoce el desgaste dental, o desgaste fisiológico de las piezas dentarias a que nos venimos refiriendo. Existe una tendencia general a creer que todos los desgastes dentales proceden del bruxismo o rechinar de dientes, pero no necesariamente ha de ser así. De hecho, existen multitud de posibles causas de este problema, que a su vez son las que definen los diversos tipos de atrición o desgaste:

  • Atrición fisiológica. Es el desgaste fisiológico del tejido dental duro por el mero contacto de los dientes entre sí, y sin que haya de intervenir para ello ningún factor extraño.
  • Atrición patológica. Es el desgaste producido por algún problema dental previo como puede ser una disfunción o malposición de los dientes (así por ejemplo, mordida cruzada y otros problemas similares).
  • Abrasión dental. Es el tipo de desgaste producido por un agente externo. La causa más habitual de abrasión de los dientes es una mala higiene bucodental: así por ejemplo, un cepillado demasiado violento, uso inadecuado de seda dental y de palillos mondadientes, el uso de cepillos con las cerdas duras, etc.
  • Erosión dental. Puede ser intrínseca o extrínseca. La primera es producida por el propio organismo humano: así por ejemplo, el ácido gástrico como factor de desgaste (dentro de ello podríamos hablar de enfermedades que han provocado frecuentes vómitos: estos desgastan el tejido dentario en erosión dental intrínseca). Los problemas alimentarios o del aparato digestivo son las causas primordiales de este desgaste. La erosión extrínseca, por su parte, es la que viene producida por la ingesta de determinados fármacos, el abuso de vitamina C o de cítricos, concentrados vitamínicos masticables que contengan ácido clorhídrico, así como el abuso de azúcares, bebidas carbonatadas, concentrados de zumo de frutas, café, y otras bebidas y alimentos que elevan la acidez de la cavidad bucal.
  • Abfracción. Es el desgaste que se produce como consecuencia del traumatismo por la excesiva fuerza de mordida entre los dientes. La excesiva fuerza del empuje al contacto de los dientes entre sí da lugar a este tipo de atrición.
  • Además, todos estos problemas pueden combinarse entre sí: abrasión-abfracción, atrición-erosión, etc.

En primer lugar, estos problemas han de ser prevenidos lo antes posible, por lo que la importancia de un diagnóstico precoz es aquí vital. Una vez que se haya detectado la causa y la localización del desgaste, es cuando se debe actuar. Así: disminuir el consumo de vitamina C, bebidas carbonatadas y otros agentes de erosión extrínseca, mejorar y perfeccionar la técnica de cepillado y de higiene dental bajo los consejos de un especialista odontológico, uso de pasta y enjuagues de flúor para remineralizar el tejido dentario, el uso de férulas dentales miorrelajantes para evitar el contacto de las piezas entre sí, etc, etc.

El desgaste dental es un problema que puede dar lugar a otros mucho mayores. Prevenirlo y tratarlo ha de hacerse de la mano y con el asesoramiento de un especialista.

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