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La caries y el azúcar mantienen una estrecha relación entre sí, que es preciso conocer. Ha de tenerse en cuenta que, en definitiva, esta dolencia dental supone uno de los principales problemas de salud pública a escala internacional, por lo que es preciso prevenirla y combatirla con conocimiento de causa.

 

Esta enfermedad dental consiste en la modificación y disolución de los tejidos de la pieza dentaria, de modo que esta puede ser destruida por la actuación de las bacterias. Los síntomas de esta patología se inician cuando, por debajo de la capa de esmalte, la pieza dentaria comienza a desmineralizarse, de modo tal que, si no se detiene a tiempo, puede llegar a traspasar la dentina (capa de marfil del diente) y llegar hasta la pulpa dentaria o pulpa interior del diente, con lo que la destrucción del este puede llegar a hacerse irreversible e irrecuperable.

 

Caries: cómo se origina

 

Los factores que confluyen para desencadenar la caries son múltiples (en términos médicos, se habla de etiología multifactorial), pero entre ellos han de destacarse fundamentalmente tres, a saber:

  • Huésped. En la mayor o menor susceptibilidad a contraer una caries dental, influyen las características diversas de la propia pieza dentaria: así, la edad de la persona (y por lo tanto, del propio diente), el nivel de carbonato de apatita (principal mineral del esmalte dentario), el mayor o menor empleo de fluoruros para mantener la resistencia del esmalte, la genética misma del individuo (mayor nivel de amelogenina, enamelina, tuftelina, etc), la microporosidad del diente (es decir, la porosidad de la pieza dentaria que se produzca como consecuencia del deterioro del esmalte), y la propia morfología del diente y su situación en la dentadura (así por ejemplo, si se halla montado o apiñado), así como la estructura del esmalte, la madurez de este y su grado de fluorización.
  • Placa bacteriana.
  • Dieta. Esta puede afectar en mayor o menor medida a la formación de tal enfermedad. Su causa principal es el consumo de azúcar. Al fermentar este con la saliva, produce un aumento del PH que favorece la formación de placa bacteriana en la dentadura. Los alimentos más proclives a provocar la caries son aquellos que, además de contener gran abundancia de azúcares simples, poseen una textura pegajosa que facilita el que permanezcan más tiempo adheridos a los dientes: así, la bollería industrial, el chocolate, las gominolas y otras golosinas azucaradas, los refrescos azucarados, barritas deportivas azucaradas, cereales del desayuno azucarados, pasteles, repostería, y zumos industriales con azúcares añadidos.

 

Dentro de la relación entre la caries y el azúcar, desempeña asimismo un papel primordial la saliva, que no es sino uno de los mecanismos de inmunidad natural de la boca. Las razones de ello son las siguientes:

  • La propia viscosidad de la saliva impide que se adhieran microorganismos a la cavidad oral.
  • El propio flujo de saliva ejerce una función natural de limpieza o lavado.
  • Incluye proteínas (como la lactoferrina o la mucina) que de por sí, aparte de cumplir otras funciones (tales como aportar mayor viscosidad), combaten la placa bacteriana.

 

Sin embargo, cuando la saliva ha adquirido un alto índice de viscosidad (lo que se mide científicamente por la llamada pipeta de Oswald) es cuando existe un mayor riesgo de caries. Cuando el flujo salival disminuye (y, por lo tanto, la viscosidad de la saliva aumenta), y además, el PH aumenta (principalmente por el consumo de azúcares simples) es cuando puede desencadenarse la consecuencia de unos dientes con caries.

 

Así pues, el vínculo entre la caries y el azúcar es tan profundo como indudable. En la Clínica González Baquero somos conscientes de ello, pues conocemos las caries y sabemos combatirlas.

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