¿Alguna vez te has despertado con un dolor de garganta tan fuerte que hasta tragar saliva te resultaba una tortura? Aunque pueda parecer un resfriado común, en realidad podría tratarse de una amigdalitis.
Pero, ¿qué es la amigdalitis y cuando se considera grave? ¿Se cura sola o necesitamos antibióticos? Hoy, en Clínica González Baquero, te explicamos cuáles son sus causas, cómo identificar sus síntomas y cuál es el tratamiento más eficaz.
¿Qué es la amigdalitis aguda?
La amigdalitis aguda es una inflamación repentina de las amígdalas, esas dos estructuras carnosas que tenemos a ambos lados de la garganta y que forman parte de nuestro sistema inmunitario.
Su principal función es atrapar los virus y las bacterias que entran por la boca o la nariz. Sin embargo, a veces terminan infectadas, provocando síntomas molestos y, en ocasiones, bastante intensos. Eso sí, casi siempre aparece rápidamente y no suele durar más de de diez días.
Afecta con mayor frecuencia a niños de entre 5 y 15 años, pero puede presentarse a cualquier edad. Por eso, es importante estar atentos a los síntomas y acudir al médico para obtener un diagnóstico certero, especialmente si la fiebre es alta o los síntomas no mejoran tras unos días.
Causas de la amigdalitis
La amigdalitis puede tener distintas causas, y conocerlas es fundamental para aplicar el tratamiento adecuado. A continuación, destacamos las principales:
- Infecciones virales: son la causa más frecuente. Virus como los adenovirus, los virus de la gripe, el virus sincitial respiratorio o incluso el Epstein-Barr (causante de la mononucleosis infecciosa) pueden inflamar las amígdalas. Por lo general, estos casos suelen resolverse sin necesidad de antibióticos.
- Infecciones bacterianas: aunque menos comunes que las virales, pueden ser más severas. La bacteria Streptococcus pyogenes (estreptococo del grupo A) es la responsable de la conocida faringoamigdalitis estreptocócica.
Para evitar complicaciones como fiebre reumática, abscesos periamigdalinos o incluso daño renal, es recomendable seguir un tratamiento con antibióticos. Además, si hay fiebre alta persistente, dolor intenso o placas blancas en las amígdalas, es muy importante acudir al médico cuanto antes.
- Factores ambientales: la exposición al humo del tabaco, la contaminación del aire o los ambientes secos pueden irritar la garganta y contribuir a la inflamación de las amígdalas, especialmente en personas sensibles.
- Alergias: aunque es menos frecuente que las infecciones, las reacciones alérgicas a elementos como el polvo, el polen o ciertos alimentos también pueden provocar inflamación crónica de las amígdalas,
- Reflujo gastroesofágico: en algunos casos, el ácido del estómago que regresa hacia la garganta puede irritar las amígdalas y generar inflamación recurrente.
Síntomas de la amigdalitis
Aunque pueden variar según la causa y la edad de la persona afectada, los síntomas de la amigdalitis suelen ser los siguientes:
- Dolor de garganta persistente.
- Fiebre (a menudo superior a los 38 °C).
- Dificultad para tragar (incluso líquidos).
- Inflamación y enrojecimiento de las amígdalas.
- Pus o placas blancas o amarillas sobre las amígdalas.
- Ganglios linfáticos del cuello inflamados y sensibles.
- Mal aliento.
- Dolor de oído.
- Dolor de cabeza o rigidez en el cuello.
Además, en los niños pequeños, pueden aparecer señales más sutiles como la irritabilidad, la falta de apetito o el babeo excesivo por el dolor al tragar. ¡Ojo! Si un niño presenta dificultad para respirar, fiebre alta persistente o se queja de dolor solo de un lado de la garganta, es importante consultar rápidamente al pediatra.
Posibles complicaciones
Aunque la amigdalitis suele ser una afección leve y de corta duración, si no se trata adecuadamente, hay casos en los que pueden surgir complicaciones, especialmente cuando es de origen bacteriano.
Absceso periamigdalino: acumulación de pus alrededor de las amígdalas. Causa dolor intenso, dificultad para tragar y puede requerir drenaje urgente.
Fiebre reumática: complicación grave, pero poco habitual. Normalmente, está causada por una infección estreptocócica no tratada. Puede afectar al corazón, a las articulaciones y al sistema nervioso.
Glomerulonefritis: inflamación de los riñones provocada por una reacción inmunológica a la infección. Puede provocar hinchazón, orina oscura y presión arterial alta.
Otitis media: la infección de las amígdalas puede extenderse al oído medio, generando dolor, fiebre y pérdida temporal de audición.
Amigdalitis crónica o recurrente: infecciones frecuentes que pueden afectar a la calidad de vida, con síntomas que pueden replicarse varias veces al año. En algunos casos, la cirugía es la única solución.
Dificultades respiratorias: las amígdalas muy inflamadas pueden obstruir parcialmente la vía aérea, sobre todo en niños, causando ronquidos o apnea del sueño.
Extensión de la infección: aunque es raro, en casos graves, la infección puede propagarse a otras zonas del cuello o el tórax.
¿Cómo se cura la amigdalitis? Tratamiento más eficaz
El tratamiento de la amigdalitis depende mucho de cuál sea la causa. No existe una fórmula mágica universal, pero sí pautas claras para cada situación.
Tratamiento amigdalitis viral
Si la infección es viral, como ocurre en la mayoría de los casos, no se recetan antibióticos. Lo que necesitamos es aliviar los síntomas y dejar que el cuerpo haga su trabajo. ¿Qué podemos hacer?
- Beber mucho líquido.
- Evitar alimentos duros o muy calientes.
- Hacer gárgaras con agua tibia y sal.
- Usar analgésicos como paracetamol o ibuprofeno (nunca aspirina en niños).
- Chupar pastillas para la garganta (solo si el niño es mayor y no hay riesgo de atragantamiento).
Tratamiento amigdalitis bacteriana
Cuando la amigdalitis es causada por bacterias, especialmente el estreptococo del grupo A, el tratamiento más efectivo son los antibióticos. La penicilina suele ser la opción más recetada, a menos que haya alergias.
Importante: siempre debe completarse el tratamiento, incluso si los síntomas desaparecen antes. Abandonarlo antes de tiempo puede provocar recaídas y aumentar el riesgo de complicaciones graves.
En casos recurrentes o muy severos, el especialista puede valorar una amigdalectomía, es decir, la extirpación de las amígdalas. Por ejemplo, cuando hay más de cinco episodios anuales durante varios años consecutivos.
En definitiva, aunque la amigdalitis puede ser leve, si no se atiende correctamente, también puede complicarse. Por eso, lo mejor que podemos hacer es estar atentos a los síntomas, consultar al médico cuando notemos alguno de estos síntomas y cuidar nuestras defensas con buenos hábitos de higiene.