Puede que en el ámbito de la salud ósea y de la odontología, alguna vez hayas escuchado la palabra bifosfonatos. Pero, ¿sabes en qué tratamientos dentales se utilizan? A continuación, te explicamos qué son los bifosfonatos, para qué se usan, los diferentes tipos que existen, los efectos secundarios más relevantes y cómo podemos aliviarlos.
¿Qué son los bifosfonatos?
Los bifosfonatos son compuestos sintéticos que imitan la estructura del pirofosfato, un regulador natural de la mineralización ósea, y que tienen una “atracción” especial hacia el hueso, sobre todo en zonas donde la actividad ósea es intensa. Por eso, suelen usarse para tratar huesos que se están debilitando o remodelando de manera excesiva.
Se adhieren al hueso, entran en juego cuando las células que lo “destruyen” (osteoclastos) están activas, y consiguen reducir su actividad o provocar su muerte celular (dependiendo del tipo). Gracias a ello, se ralentiza la reabsorción ósea y se refuerza la densidad del hueso residual, ayudando a que los huesos frágiles no se rompan tan fácilmente.
¿Para qué se usan los bifosfonatos?
Los bifosfonatos se prescriben principalmente para:
- Osteopenia u osteoporosis: cuando el hueso se vuelve delgado o frágil y tiene mayor riesgo de fractura. En esos casos, el tratamiento con bifosfonatos fortalece el hueso y reduce las posibles fracturas.
- Enfermedad de Paget del hueso: un trastorno caracterizado por la remodelación ósea excesiva o anómala. Los bifosfonatos ayudan a controlar esa actividad ósea acelerada.
- Metástasis óseas: en cánceres que se diseminan al hueso (por ejemplo de mama o próstata) los bifosfonatos reducen la destrucción ósea, el dolor y las complicaciones asociadas.
- Hipercalcemia maligna: niveles anormalmente altos de calcio en sangre asociados a tumores óseos, donde estos fármacos se usan para disminuir esos niveles.
- Pacientes que toman esteroides orales a largo plazo: estos fármacos esteroides pueden debilitar el hueso, por lo que los bifosfonatos se emplean como medida preventiva.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con la odontología? Mucho. Si un paciente está bajo tratamiento con bifosfonatos y necesita procedimientos dentales como extracciones, implantes o cirugía periodontal, es importante tener en cuenta las posibles complicaciones, como la exposición ósea y la cicatrización deficiente.
Tipos de bifosfonatos
No todos los bifosfonatos actúan de la misma manera ni tienen el mismo perfil de riesgo.
Bifosfonatos no nitrogenados
Estos son los “primeros” en desarrollarse y tienen menor potencia. Actúan induciendo la apoptosis (muerte celular programada) de los osteoclastos a través de mecanismos alternativos. Ejemplos clásicos son el etidronato y el clodronato.
Bifosfonatos nitrogenados
Son más potentes y su mecanismo de acción implica inhibir la vía del mevalonato, concretamente la enzima farnesil-difosfato sintasa, lo que impide la supervivencia y actividad de los osteoclastos. En este grupo se incluyen el alendronato, el risedronato, el ibandronato y el zoledronato.
Presentación y vía de administración
- Oral: por ejemplo el alendronato (una vez a la semana), risedronato (semanal o mensual) o ibandronato (mensual). Estas opciones suelen usarse en casos de osteoporosis.
- Intravenosa (IV): opciones como el ácido zoledrónico, pamidronato o el ibandronato por vía IV se utilizan con más frecuencia en metástasis óseas o en contextos oncológicos. Estas presentaciones suelen tener mayor potencia y también mayor riesgo de efectos adversos.
¿Qué efectos secundarios tienen los bifosfonatos?
Cuando tratamos con pacientes que reciben bifosfonatos, debemos tener en cuenta aspectos como la irritación esofágica y los síntomas musculoesqueléticos, pero sobre todo la llamada «osteonecrosis de mandíbula».
Efectos secundarios generales
Entre los efectos adversos más frecuentes de los bifosfonatos orales destacamos:
- Calambres o dolor muscular.
- Dificultad para tragar, acidez de estómago o dolor abdominal.
- Dolor de cabeza o sarpullido.
- En el caso de bifosfonatos intravenosos: presión arterial baja, mareos, dolores musculares, náuseas, estreñimiento, fiebre o sarpullido. Estos síntomas pueden durar de 1 a 2 días y hasta de 10 a 12 días tras la infusión.
Efecto secundario específico en la odontología: osteonecrosis de mandíbula (ONM)
Este es el motivo por el que los dentistas deben estar más que atentos. Son aquellos casos en los que el hueso alveolar está expuesto en la región maxilofacial que no cicatriza dentro de un plazo de 8 semanas tras haber sido identificado, en un paciente que toma bifosfonatos y que no tiene radioterapia previa en cabeza/cuello.
Algunos datos relevantes:
- El riesgo varía: en pacientes que reciben bifosfonatos intravenosos, la incidencia puede aproximarse al 0,8%–12%; en orales, mucho menor (0,009%–0,034%) según algunas estimaciones.
- En más del 60% de los casos la ONM aparece después de procedimientos dentales invasivos (extracciones, implantes, cirugía, etc.).
- Factores de riesgo locales: mala higiene oral, dentaduras mal ajustadas, periodontitis activa, implantes sin control, extracciones, etc.
- Factores sistémicos: dosis elevadas del fármaco, vía intravenosa, duración prolongada, cáncer de base, tratamiento concomitante con esteroides o fármacos inmunosupresores.
Esto quiere decir que si un paciente está siendo tratado con bifosfonatos, se debe evaluar su historial, la vía de administración, el tiempo de tratamiento y planear con cautela cualquier intervención quirúrgica.
¿Cómo aliviar los efectos secundarios de los bifosfonatos?
Ahora que ya conoces los efectos adversos, nos centraremos en qué hacer, cómo minimizar el riesgo y qué recomendaciones seguir si somos odontólogos o pacientes.
Prevención y manejo antes de procedimientos dentales
- Valoración previa: antes de iniciar un tratamiento con bifosfonatos, el paciente debe someterse a un examen dental completo, incluyendo radiografías, limpieza, tratamiento de caries o problemas periodontales. De esta manera, reduciremos la probabilidad de tener que realizar extracciones o intervenciones más invasivas mientras el fármaco se encuentra activo.
- Higiene oral rigurosa: cepillado correcto, uso de hilo o cepillos interdentales, revisiones periódicas. Un entorno oral saludable reduce la inflamación, la infección y, por tanto, el estímulo para una remodelación ósea excesiva.
- Planificar intervenciones: en pacientes que ya toman bifosfonatos y requieren extracciones o implantes, se debe valorar el riesgo-beneficio y emplear una técnica mínimamente invasiva.
- Comunicación entre profesionales: el dentista debe conocer la duración del tratamiento, la vía de administración y la dosis acumulada. Además, antes de una intervención dental, debe valorar si la suspensión temporal del fármaco es viable y segura para la patología ósea.
Qué hacer si aparece osteonecrosis de mandíbula
- Enjuagues bucales antisépticos (por ejemplo, clorhexidina 0,12%) para controlar la infección.
- Antibióticos según indicación dental/medicina.
- Desbridamiento quirúrgico conservador del hueso necrótico en los casos que lo requieran.
- Suspensión o interrupción temporal del bifosfonato para facilitar la cicatrización. Aunque la evidencia de que esto resuelva completamente la ONM es limitada.
- Mantenimiento estricto de higiene oral, control de las prótesis (que no hagan trauma en encía o hueso) y evitar que haya infección crónica.
¿Y en implantología o extracciones dentales?
¿Es posible colocar un implante en un paciente que toma bifosfonatos? ¿O realizar una extracción sin riesgos? La respuesta es: depende.
- Si el paciente toma bifosfonatos orales para osteoporosis, con tratamiento menor a 3-5 años, sin otros factores de riesgo, el riesgo de ONM es bajo, pero no nulo.
- Si la vía es intravenosa, el paciente tiene cáncer, usa esteroides, tiene tratamientos concomitantes, el riesgo aumenta considerablemente. En esos casos puede que sea mejor evitar los implantes, o al menos hacerlo con mucha precaución y siempre bajo supervisión.
- En cualquier caso se recomienda: control periodontal previo, reducir los factores de riesgo locales (infección, prótesis traumáticas), técnica quirúrgica de mínima invasión, profilaxis antibiótica y seguimiento postoperatorio estricto.
- Si se decide extraer, puede valorarse la posibilidad de suspender el bifosfonato varios meses antes de la extracción y reanudar cuando la herida haya cicatrizado.
Así pues, los bifosfonatos son medicamentos muy útiles para fortalecer los huesos debilitados, prevenir fracturas y tratar ciertas enfermedades óseas graves. Sin embargo, como todo medicamento potente, también conlleva ciertos riesgos, y en el campo de la odontología, debemos ser especialmente conscientes de la complicación poco frecuente pero grave que es la osteonecrosis de la mandíbula.
En Clínica Dental González Baquero, sabemos que la clave está en la colaboración, en la planificación previa, en una higiene bucal rigurosa y en adaptar en todo momento el tratamiento al perfil de riesgo de cada persona. Con lo cual, si una paciente viene con tratamiento de bifosfonatos: preguntemos, evaluemos, coordinemos y actuaremos siempre con prudencia.