¿Alguna vez te has preguntado qué es el cemento dental? El cemento dental es un tejido natural que forma parte de nuestros propios dientes. Pero también puede ser un material artificial que los odontólogos utilizan en diferentes tratamientos.
A continuación te explicamos cuáles son sus características, qué aplicaciones tiene y qué tipos existen.
Cemento dental: ¿qué es y para qué sirve?
El cemento dental biológico es un tejido mineralizado que recubre la raíz de cada diente. En cambio, el cemento dental artificial es el material que utilizan los odontólogos para fijar prótesis, coronas o brackets.
El cemento dental natural tiene un aspecto amarillento y se encuentra justo en la raíz del diente, por debajo de la encía. Su principal función es proteger la raíz frente a las agresiones externas y permitir que el diente se mantenga firmemente anclado al hueso de la mandíbula gracias a las fibras del ligamento periodontal.
Por otro lado, el cemento dental artificial funciona como un pegamento especializado dentro de la odontología moderna. Un material especialmente diseñado para adherirse de manera segura, evitar filtraciones de bacterias y resistir la enorme presión que ejercemos al masticar.
Características del cemento dental
El cemento dental biológico es un tejido similar al hueso, aunque más blando que la dentina. Está compuesto en gran parte por cristales de apatita (minerales inorgánicos), fibras de colágeno y glucoproteínas, además de agua.
Además, no deja de formarse a lo largo de la vida, por lo que siempre se van depositando capas nuevas que van ayudando a mantener firme la unión entre diente y mandíbula incluso con el paso de los años.
Entre sus características más destacadas podemos destacar:
- Color: amarillo claro, más fino en la zona del cuello del diente.
- Función protectora: recubre la raíz y la mantiene aislada.
- Función de anclaje: gracias a las fibras de Sharpey, une el diente con el hueso alveolar.
- Renovación continua: se regenera constantemente, aunque puede verse afectado por enfermedades como la periodontitis.
Por otro lado, el cemento dental artificial puede presentar diferentes características en función de su tipología, pero todos deben ser biocompatibles, resistentes, duraderos y fáciles de manipular para el odontólogo. Un buen cemento debe aguantar desde la presión de la masticación hasta la acción de la saliva durante años.
Ventajas del cemento dental
El tejido natural asegura la estabilidad de los dientes dentro de la mandíbula, protege la raíz de agentes externos y facilita la absorción de las fuerzas de la masticación.
En cuanto al cemento artificial, favorece:
- Adhesión efectiva: permite fijar prótesis, coronas o aparatos de ortodoncia con total seguridad.
- Biocompatibilidad: materiales como el ionómero de vidrio son seguros para los tejidos bucales.
- Liberación de flúor (en algunos cementos): ayuda a prevenir caries.
- Durabilidad: puede mantener las restauraciones en buen estado durante muchos años.
¿En qué casos se usa el cemento dental artificial?
El cemento dental está presente en todos nuestros dientes. Sin embargo, puede perderse o deteriorarse por factores como la enfermedad periodontal o desgastarse con el tiempo. Cuando esto ocurre, aparecen problemas como la sensibilidad dental (ese dolor agudo al beber algo frío) o incluso que algunos dientes empiecen a moverse.
En estos casos, el cemento artificial puede servir para:
- Cementado de prótesis: fijación de coronas y puentes a los dientes naturales.
- Ortodoncia: para pegar brackets u otros dispositivos que corrigen la posición dental.
- Endodoncia: se usa para sellar el conducto radicular después de eliminar la pulpa.
- Restauraciones temporales: para proteger el diente hasta que se coloque la pieza definitiva.
- Obturaciones: sellar cavidades después de limpiar una caries.
- Cirugías: protección temporal de zonas intervenidas para evitar infecciones.
- Prevención: sellado de fisuras para evitar que se conviertan en caries.
Tipos de cemento dental
Los principales tipos de cemento dental artificial son los siguientes:
Cemento de fosfato de zinc
Es uno de los más antiguos (se utiliza desde hace más de un siglo). Es resistente, económico y fácil de manipular.
Cemento de policarboxilato
Fue el primero en ofrecer adhesión química real al diente. Es menos irritante que el fosfato de zinc, pero su manipulación es más compleja.
Cemento de ionómero de vidrio
Muy popular debido a su capacidad de liberar flúor, lo que ayuda a prevenir caries. Se adhiere bien a esmalte y a la dentina, aunque puede ser sensible a la humedad durante su fraguado.
Ionómero de vidrio reforzado con resina
Combina las ventajas del ionómero de vidrio con la resistencia de la resina. Estable y fácil de manipular, aunque puede causar cierta irritación pulpar.
Cemento de resina
Es el “todoterreno” de los cementos. Ofrece resistencia y máxima adhesión, por lo que se utiliza en coronas, puentes y ortodoncia. Incluso se fabrica en diferentes colores para conseguir un mejor resultado estético. Su único inconveniente es que no siempre resulta económico y puede ser difícil retirar los excesos.
Así pues, el cemento dental protege y fija nuestros dientes, pero cuándo este se deteriora o se desgasta, el cemento dental artificial se convierte en el mejor aliado para cualquier tratamiento moderno. La mejor solución para mantener tu sonrisa sana, fuerte y bien sujeta.